Siempre ocurre lo mismo con las crisis en los equipos de fútbol. Es una historia repetida miles de veces cuando las crisis asoman y los puntos no llegan. Cuando los objetivos de inicio de temporada se tambalean aparecen los nervios en la afición y el periodismo, siempre atento a cualquier atisbo de crisis, alimenta el escenario a la espera de que se vayan sucediendo los acontecimientos.
Cuando los resultados no llegan el entrenador cambia a defensa de cinco. Cuando eso no es suficiente vuelve al sistema anterior y mete a algún suplente a modo de revulsivo. Los primeros en negar las crisis siempre son los directivos arropados por el autoconvencimiento de que el ‘trabajo’ en el entrenamiento dará sus frutos. Normalmente ese trabajo lo recogen los equipos con más talento, el resto, por muchos balonazos que den a la portaría o saques de esquina que ensayen, suelen quedar siempre varios escalones por debajo.
El aficionado aplaude hasta que observa que ni el entrenador tiene soluciones ni los jugadores están muy por la labor de mejorar. Las primeras pitadas son portada de las páginas de los pocos periódicos que quedan y los hinchas vierten su ira en redes sociales sin mucha contemplación ni miramientos.
Cuando la grada eleva el nivel y dirige ya su enfado al palco es cuando suelen suceder cosas. Es entonces cuando los presidentes más tradicionales se encierran en su despacho y toman la decisión de destituir al entrenador. Ahora cuesta más dar este paso porque muchos propietarios no suelen vivir el día a día de sus clubes lo que les da cierta dosis más de vida a los técnicos, que tarde o temprano acaban fuera y destituidos, incrédulos de cómo es posible que después de trabajar tanto y entrenar horas y horas el equipo no sea capaz de marca de saque de esquina y le pillen siempre a la contra. Cosas que pasan.
¿Qué pasó en la tarde del 20 de abril del 97? Ese día a media tarde, el Mallorca empató ante el Orense en el Lluís Sitjar y se desató la tormenta.
En ese partido la gota derramó el vaso que venía llenándose de agua desde hacía varios meses. Beltrán destituyó a Víctor Muñoz, pero los aficionados años antes habían vivido ya una situación muy similar. Porque en fútbol rara vez lo que ocurre no ha pasado antes.
En este segundo capitulo recordamos lo sucedido años atrás. Fijemos nuestra vista en la temporada 92/93 cuando el Mallorca luchaba por el ascenso directo y perdió un partido vital en el Lluís Sitjar ante el Villarreal (0-1). Faltaba un partido para acabar la temporada y el tren del ascenso pasó de largo (ver capítulo uno de este serial).
Tensión máxima
En ese momento se vivió uno de los capítulos más tensos en la zona de vestuarios del Lluís Sitjar y esto que esas paredes, que hoy ya no existen, han visto y oído de todo. A la conclusión de ese partido el presidente del club, Miquel Dalmau, tomó la decisión de cesar de forma fulminante a Serra Ferrer tras pedirle una dimisión que no le fue concedida por parte de sa Pobla y contratar posteriormente a Jaume Bauçà.
Sucedió todo en un abrir y cerrar de ojos a mitad de junio de 1993. En ese momento no hubo excesivos detalles respecto a los motivos que llevaron al doctor de Sineu a tomar la radical decisión de despedir al técnico ‘pobler’. Todo eran rumores acompañados de mensajes vacíos de contenido y que denotaban que los protagonistas no decían toda la verdad.
Cuatro años y cuatro meses después, con las heridas todavía sin cicatrizar, Miquel Dalmau dio un pequeño paso adelante y fracturó parte de la nebulosa que reinaba y de hecho todavía reina sobre ese suceso
Si bien durante ese periodo de tiempo que va desde el 14 de junio de 1993 hasta el 10 de octubre de 1997 el médico había mantenido un prudente silencio, ese décimo día del décimo mes se refirió a ese capítulo y lo hizo en el programa ‘Per Afició’ que se emitía por aquel entonces en el canal Tele Nova. ¿Qué dijo ante las cámaras y respondiendo a las preguntas de Tomeu Terrasa? Con su habla pausada y sabiendo bien lo que manifestaba, Dalmau explicó los pormenores que le llevaron a despedir a Serra Ferrer cuando faltaba una jornada para finalizar la liga regular y a las puertas de la promoción que le enfrentaría ante un equipo de Primera. «Tuve que cesar a Llorenç porque creía honradamente que no ascenderíamos. El divorcio en el vestuario, la guerra dialéctica con momentos de tensión, incluso de agresión física con algunos jugadores no propiciaban el ambiente más idóneo para afrontar una promoción, los jugadores de ninguna manera podían tirar hacia adelante», dijo el presidente del Mallorca en unas palabras que todavía hoy dejan sensación de estremecimiento cuando se leen.
Algo había sucedido más allá del resultado, alguna circunstancia tuvo que darse para que un hombre que futbolísticamente calibraba bien todas sus decisiones, tomara la calle más difícil para alcanzar la meta. Una meta que en ese momento parecía del todo imposible cruzar con éxito.
Dalmau también resumió de qué forma se había llegado a esa situación. Bajo los focos del plató de televisión, ese jueves por la noche el presidente hizo mención a un encuentro disputado ante el Real Mardid. «Después de que el Madrid nos eliminó de la Copa del Rey tras ganarle en casa por dos goles a cero se produjo dentro del club un deterioro enorme que propició que ningún jugador se sintiese a gusto con su situación», indicaba Dalmau.
El presidente hacía referencia a la eliminatoria copera que esa temporada disputaron Real Mallorca y Real Madrid. En el encuentro de ida disputado en el Lluís Sitjar el 3 de febrero el conjunto rojillo ganó por dos goles a cero con tantos de Gálvez y Luis Delgado y la eliminatoria, si bien no quedó sentenciada, lo cierto es que generó una ilusión enorme entre el mallorquinismo. En el choque de vuelta el conjunto blanco remontó el marcador y ganó tres a cero, goles de Alfonso y dos de Zamorano. A esa eliminatoria hacía referencia Dalmau cuando quedaba todavía un mundo por delante, 16 jornadas concretamente.
Sin embargo, Dalmau hizo mención a esa situación y a otra. «Hubo un caso también concreto cuando apartó a Josep Maria Sala del equipo casi cuatro meses por conceder una entrevista a un medio de comunicación que criticaba al propio Llorenç», manifestó Dalmau al programa ‘Per Afició’.
Continuó el que fuera presidente relatando más hechos que desde su punto de vista iban minando la confianza con el entrenador. «Perdimos contra el Madrid B (jornada 31 por 4 goles a 1) y en ese momento se produjo una situación donde yo solicité explicaciones a Llorenç para que me dijera lo que estaba pasando. Estaba convencido de que el Mallorca subiría, tenía un equipazo, Stelea y Prats de porteros, Serer, Fradera, Pedraza, Villena, Stosic, Milojevic, Bogdanovic, Luis Delgado, Pepe Gálvez que se salía, en definitiva un equipazo —aseguraba Dalmau—. Y en un momento determinado —prosiguió— después de Villarreal yo le pedí al entrenador qué estaba pasando y Llorenç respondió de forma muy violenta, diciendo que todos los jugadores eran un desastre, que merecían látigo y me dio a conocer una cara de él que no conocía, pero que me imaginaba que era la que había en el vestuario y así se confirmó», relató Dalmau.
Según el presidente, él le pidió a Serra que dimitiera de entrenador y continuara de mánager general, pero el de sa Pobla se negó. Pero además de esta situación Dalmau también se refirió a una sombra de arreglo de partido, concretamente ese Mallorca-Villarreal. Miquel Dalmau también fue preguntado por esta cuestión que sobrevolaba desde ese año por las gradas del Lluís Sitjar. «En el fútbol hay muchos intereses creados y hubo una cierta tentación, inducida por una serie de personas, de que yo me tendría que someter a alguna actitud que creía que era deshonesta. Yo tuve directamente proposiciones, sugerencias, informaciones que hacían entrever de una u otra forma que se tendría que arreglar el partido pero y me negué en rotundo. Esto ocurrió dos días antes del partido». Dalmau aseguró que no cayó en la tentación y que ese partido, que pudo arreglarse, finalmente se jugó sin ninguna sombra de sospecha.
Ese aspecto fue para Dalmau fundamental de cara al inmediato futuro. «Cuando el equipo no logró vencer al Villarreal no sentí ningún trauma en absoluto, me sentí liberado y tuve una sensación de tranquilidad espiritual que estoy convencido que no hubiese tenido si en esos momentos hubiera actuado de otra forma», relataba el expresidente del Mallorca.
Y en el fútbol todas las situaciones de una forma u otra se repiten y salvo diferencias sustanciales, Bartolomé Beltrán tuvo que obrar de una forma similar. El doctor de Campanet jamás pensaría que tendría que obrar casi como lo hizo su antecesor en el cargo echando al entrenador a las puertas de la finalización de la temporada, tomando una decisión que muchos no entenderían, ni entre los medios de información y tampoco en un amplio sector de los aficionados.
Pero primero Dalmau y después Beltrán tuvieron que aplicar el bisturí en operaciones de máximo riesgo para el futuro de la entidad. El doctor de Sineu fue valiente en su momento y contrató a Jaume Bauçà, exjugador del Real Mallorca, también natural de Sineu, y cuya carrera como entrenador se había llevado a cabo en la tercera división balear. El presidente no tuvo la fortuna de cara y el ascenso se escapó en la promoción frente al Albacete. Beltrán tuvo mejor suerte y tras situar a Pep Bonet y Tomeu Llompart al frente del primer equipo, el éxito se consiguió en Vallecas en la segunda ocasión que el once rojillo promocionaba en el campo de la avenida Payaso Fofó. La toma de decisiones en fútbol no compete solo a los futbolistas o a los entrenadores, también los dirigentes tienen que arriesgar en un momento dado. Y ambos arriesgaron.
El cese de Serra en el 93 todavía se recuerda pero en esas paredes sucedió algo que todavía hoy forma parte de una leyenda urbana que difícilmente saldrá a la luz en toda su dimensión.
