1888, la eterna lucha del bien contra el mal

Miquel Alzamora
3 de septiembre de 2023

 

Entrevista de Javier Olona para mallorcainforma.com sobre la nueva edición de 1888. 

Miquel Alzamora reedita con nuevo sello (Editorial Letra Minúscula) la novela ‘1888 El año de Jack’, un libro extenso y documentado basado en los crímenes del denominado Destripador de Whitechapel y lo hace en un contexto histórico, tratando de abrazar los hechos confirmados y envolviendo la trama en forma de novela altamente adictiva. Hablamos con el autor sobre este lanzamiento a nivel nacional.

—Su novela sigue cruzando fronteras.

—Cubrimos muy bien la Isla con las dos primeras ediciones gracias a Edicions Balèria, pero necesitaba dar un paso más y salir fuera y la mejor manera de llegar a todo el mundo es a través de la red y decidí revisar y reeditar el trabajo y adaptarlo al formato kindle y lanzar a su vez una nueva versión en tapa blanda. Como digo en la promoción, necesitaba estar en la librería infinita y mantener el libro vivo. En las librerías tienen un recorrido limitado, si no eres un clásico o un autor de renombre nacional o internacional, pero por ejemplo en Amazon siempre puedes tener un espacio y las facilidades son absolutas.

—Pero deberá competir con cientos de miles de títulos.

—Compiten las grandes editoriales, yo no. Yo he escrito una novela y la he situado en el lugar donde se venden libros y novelas. Es cierto que hay miles y miles de referencias y destacar no es fácil, de hecho es lo más complicado, pero el que desee adquirirla podrá hacerlo a un precio razonable, 3,99 la versión Kindle y 17,50 la tapa blanda. Si quieres comprar zapatos vas a Jaime III que está lleno de tiendas de zapatos, si quieres una moto vas a la calle Foners, que está lleno de talleres y vendedores oficiales y si quieres vender libros rodéate de libros. Lo importante es tener claras las expectativas.

—¿Y cuáles son las suyas?

—Realistas. Desde el momento en que publicas un libro quiere decir que  hay ambición para que la obra llegue al mercado, pero una vez allí hay que llamar la atención por la portada, el estilo, la historia, la trama, si caes bien o no…son mil cosas, muchas variantes y todo el mundo quiere lo mismo. Las expectativas altas pueden provocar desilusiones y con la expectativa baja mejor no salir de casa. Me gustaría que el libro llamara la atención y a partir de ahí que se pudiera generar interés por él. No tengo medios ni capacidad de inversión para campañas de márketing y publicidad y eso siempre dificulta la llegada al gran público, pero hago lo que está en mi mano intentando no ser pesado ni agobiar. Pero evidentemente hay que hacer algo para dar a conocer tu producto.

—¿Por qué esta novela del Destripador? ¿Acaso no se ha escrito todo ya sobre esta cuestión?

—Porque sinceramente creo que hay mucha confusión y estamos mediatizados por lo visto por televisión. Desde pequeño me interesé por el tema y recopilé mucha información y a medida que pasaban los años observé cómo todo se iba poco a poco desvirtuando. Así que ordené los datos confirmados y me puse en la piel de los periodistas de la época y de los inspectores que seguían el caso. Es una novela basada en hechos reales y no creo que la parte de ficción que hay en ella difiera en mucho de lo que pasó. Se generó un caldo de cultivo en el que la prensa alimentó a un asesino y la policía se enredó en sus propias trampas. La sociedad se lo tomó como un circo y al final, como dice Enrique Lázaro, articulista de Ultima Hora, el Destripador eran todos.

 

—¿Le resulta difícil alternar su trabajo en el periódico Ultima Hora con la publicación de dos libros como ‘La otra Liga’ y ‘1888’?

—Supone un esfuerzo personal, pero es una válvula de escape. En la redacción escribo sobre la actualidad y eso te puede gustar o no, y cuando por fin entro en el refugio de mi pequeña estancia en casa, rodeado de libros y notas, escribo de lo que realmente me gusta. Pienso historias, invento tramas, imagino personajes y escenarios y lo hago sin la presión de nadie ni de nada. Hago lo que me gusta y trato de hacer algo que creo que también gusta a los lectores. Evidentemente alguna noche acabo roto y no estoy para imaginar asesinatos, por eso el nivel de producción no puede ser nunca lo regular que yo quería que fuese.

—¿Estará esta edición en las librerías de Mallorca?

—No hay que cerrar ninguna puerta, las que lo deseen pueden tenerlo si así lo quieren. Algunas de ellas han sido especialmente cuidadosas conmigo siempre, como Fnac, El Corte Inglés, Embat, Colom, Agapea y seguro que me dejo algunas así que pido disculpas, en otras no he conseguido entrar. También está el asunto de la distribución que es otra batalla estresante y desgasta mucho. Por eso decidí en esta ocasión situarlo en los estantes de la librería infinita de Amazon. Aunque es cierto que hay muchas personas que siguen fieles a los paseos por los pasillos de las librerías y eso no tiene que perderse nunca y aquí tenemos una buena variedad de ellas y con infinidad de grandes obras.

—¿Ya tiene claro cuál será su próximo libro?

—Estoy trabajando en ello. El primer borrador supera las mil páginas y ahora toca empezar el trabajo de reducir, cortar y avanzar poco a poco. Me obsesiona la perfección en muchos sentidos y le doy tantas vueltas como haga falta. No tengo presión ni de fechas ni de entregas, supongo que es lo único bueno de ir por libre.

—¿Y lo malo?

—Que el proceso recae casi todo en ti y eso te consume fuerzas y tiempo, pero nadie me pone una pistola en la cabeza para que lo haga.

—¿Puede desvelarnos algo de su próximo libro?

—El asesino siempre es el mayordomo.

 

Falta compromiso

Una noche me echaron de un estadio porque cerraban el campo tras un partido del Mallorca, pero todavía me faltaban textos por mandar al periódico y el portátil necesitaba corriente eléctrica urgente así que me metí en el primer bar que encontré. Resulta que era un...

El abuelo de Heidi

Todavía hay seres humanos en el mundo que me preguntan si hay gol de oro en las prórrogas. Son de admirar. Son mis ídolos. Les envidio porque van por la vida con la ilusión de que existe el gol de oro, que era una de las pocas cosas modernas que me gustaban del fútbol...